Ciencia para impacientes

viernes, diciembre 28, 2007

Mendeléiev: Un breve homenaje en el centenario de su muerte (III)

“No busquéis la inteligencia ni la apariencia exterior. Elegid por compañeros el corazón y el trabajo”

Dimitri Ivánovich Mendeléiev

Fotografía de la boda de Ana Popova y Dimitri Ivánovich Mendeléiev celebrada en San Petersburgo el 22 de abril de 1882. Mendeléiev tuvo tiempo de hacer actividades muy diversas y su vida está llena de aventuras. Montó en globo para estudiar un eclipse total de Sol el 19 de agosto de 1887 e hizo un viaje a EE UU en 1877, del que escribiría “En América se preocupan por extraer la mayor cantidad posible de petróleo, sin tener en cuenta el pasado ni el porvenir ni la manera mejor, más razonable de proceder. Actúan según el interés del momento y sobre la base de las conclusiones inmediatas” –y de esto hace más de 100 años. Pero sin duda, su mayor aventura fue la de enamorarse de Ana Popova, de 17 años de edad, cuando él, casado y con dos hijos, tenía 42 años. Así describía Mendeléiev a su joven amor: “Ana era una joven alta y esbelta, de andar gracioso, con gruesas trenzas doradas, que llevaba modestamente anudadas sobre la nuca con lazos negros, que sentaban muy bien a su hermosa cabeza. Pero lo que tenía más bonito eran sus grandes ojos claros, con su expresión seria de persona mayor en un rostro de óvalo infantil, con mejillas rosadas y cejas bien pobladas. Su voz era dulce y muy agradable”.


Mientras que Ana veía así al profesor de Química: “Andaba rápidamente, inclinando hacia delante, como si surcase las olas, los cabellos flotando. A pesar de su aire impresionante y majestuoso, todo el mundo le sonreía. […] Se distinguía de los demás como un águila que se hubiera introducido en un gallinero o un ciervo salvaje en un rebaño de animales domésticos”. Pero este amor era imposible en la rusa imperial de finales del siglo XIX. Durante cuatro años Mendeléiev sufrió y enloqueció de amor. Su mujer siempre se negó a concederle el divorcio. Ana, atormentada, decidió poner tierra de por medio y se marchó a Roma. Mendeléiev estaba destrozado. Cayó enfermo. Próximamente tenía un congreso en Argel, al que iría en barco, y decidió suicidarse durante la travesía. “Por el camino quería tirarme al mar desde la cubierta del barco”. Afortunadamente, le confió su dramático plan a su amigo Beketov, junto con su testamento y algunas cartas para su joven amor. Éste, preocupado por la suerte de su amigo, corrió a suplicarle a la mujer de Mendeléiev que le concediera el divorcio. Ella, ante la dramática situación y tras una buena compensación económica, accedió finalmente. Mendeléiev, al enterarse, cambió de rumbo y fue al encuentro de Ana a Roma, donde se prometieron en matrimonio. Ambos se casaron poco más tarde, el 22 de abril de 1882, en San Petersburgo. El zar Alejandro III dijo cuando acusaron a Dimitri Ivánovich de bígamo según la ley de la iglesia ortodoxa que no reconocía el divorcio: “Mendeléiev puede tener dos esposas, pero yo únicamente tengo un Mendeléiev”. El amor entre nuestros dos protagonistas duró hasta el final de sus vidas.

En inverno de 1906, Mendeléiev enfermó de una gripe que le afectó los pulmones. En enero de 1907, la enfermedad empeoró al salir de casa para ir a la Oficina de Pesas y Medidas, para atender personalmente al Ministro de Comercio e Industria que iba de visita oficial. El 2 de febrero de ese mismo año y mientras escuchaba un pasaje de Viaje al Polo Norte de Julio Verne, su autor favorito, moría en su casa de San Petersburgo a los casi 73 años de edad. Pocos días después, le enterraban en el cementerio Volkovo, al lado de las tumbas de su madre Maria Dimitrievna y su hijo Vladímir. El frío era tan intenso que los trabajadores sólo pudieron escribir su nombre en la lápida. En su funeral, los antiguos estudiantes de la Universidad de San Petersburgo enarbolaban una gran Tabla Periódica, como símbolo de su inmortalidad, en la que Dimitri Ivánovich Mendeléiev vive para siempre. En su lápida, aún hoy, sólo aparece escrito su nombre. Alguien comentó: “sobre una tumba como ésta no se podía poner otra cosa”.

Para saber más:

En la web:

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Dimitri_Mendeleyev

[2] http://web.educastur.princast.es/proyectos/fisquiweb/Mendeleiev/BioMendeleiev.htm

Libro recomendado:

Pascual Román Polo, El profeta del orden químico. Mendeléiev. Editorial Nivola, Tres Cantos, 2002.



Javier García Martínez

Categoría: Historia

viernes, diciembre 14, 2007

10 razones para que investigadores españoles en el extranjero no vuelvan

[Texto escrito por Javier Sáez Castresana y publicado en Forum Libertas con fecha 16 de noviembre de 2007]

Quince años de políticas variopintas para captar "cerebros", y España sigue sin garantizar a éstos una continuidad en su país.


El ministro de Sanidad y Consumo, Bernat Soria, en una visita realizada a Suecia hace un mes se reunió con más de 30 investigadores españoles en el Instituto Karolinska de Estocolmo, un prestigioso centro de investigación biomédica que además ejerce como una de las universidades médicas más grandes y célebres de Europa.

El ministro esbozó el proyecto de retorno de investigadores españoles que está diseñando el Ministerio de Sanidad y Consumo.

Hay varias razones por las que aconsejo a estos científicos que no regresen precipitadamente a España si la única causa para tal regreso fuera la propuesta del ministro. No obstante, conviene antes hacer un poco de historia.

En el año 1992 se lanzaron por vez primera los “contratos de reincorporación de investigadores postdoctorales a España”. También se hizo una llamada a los mal denominados “cerebros” para que regresaran a la patria a hacer investigación.

Muchos regresaron convencidos de que el país se abría a la contratación de investigadores. No fue así. Los contratos duraban tres años como máximo, y sólo si el director de investigación al que se adscribían tenía un proyecto de investigación concedido.

Cuando dejaba de tenerlo, el “cerebro” pasaba al paro. Y si el director disponía de otro proyecto varios meses después, el “cerebro” era recontratado. Esta situación acabó con la paciencia de muchos, que abandonaron definitivamente la investigación, ya que tras sumar los tres años de contratación total pasaban directamente al paro al no haber sido diseñado un plan de plazas de investigadores en las universidades o en el CSIC.

Otros “cerebros” que regresaron a España, fueron contratados en alguno de los hospitales del Sistema Nacional de Salud. Para ello, el hospital pagaba una parte y el Fondo de Investigación Sanitaria el resto.

Así durante 6 años, con un salario bastante bajo, escasamente superior a los 1000 euros al mes. Hace un par de años estos investigadores, han finalizado sus contratos: algunos han sido recontratados a bajo sueldo por el propio hospital y otros han pasado al paro. Varios abandonarán la investigación si encuentran un trabajo mejor.

Hace pocos años se diseñó el plan de contrataciones Ramón y Cajal, como una mejora de los contratos de reincoporación de 1992. Ahora duran cinco años y no dependen de que el director de investigación al que el “cerebro” se adscribe tenga o no un proyecto de investigación concedido en un determinado momento, ya que la financiación se concede directamente al investigador contratado, al “cerebro”.

En breve iremos viendo cuál es el futuro de estos investigadores: ¿serán verdaderamente contratados por las universidades, el CSIC u otros centros de investigación cuando el MEC deje de pagar los contratos Ramon y Cajal? ¿Se han creado plazas específicas para ellos?

¿Existe un modo de valorar su carrera profesional? Nadie responde con claridad a estas preguntas en la administración. Si algunos encuentran empleo será por el buen hacer de su propia universidad o de otra, pero las garantías de que todos aquellos que han trabajado correctamente encuentren empleo son mínimas.

España no ha profundizado a nivel político sobre la importancia de la investigación científica en términos de contratación de personal. Los políticos hablan mucho de investigación, tal vez demasiado, pero no concretan cómo hay que financiar los recursos humanos, verdaderos agentes activos de la investigación.




Tras 15 años de políticas variopintas para la captación de “cerebros de investigación” España sigue sin garantizar el futuro de éstos una vez en su tierra.

Paso a dar diez razones (hay muchas más) para aconsejar a las nuevas promociones de científicos postdoctorales españoles que sigan en sus puestos mientras puedan y sólo regresen si no hay más remedio y amarrando todos los cabos posibles, porque, de otra manera, con la simple confianza en el gobierno de turno, no prosperarán ni laboral ni científicamente.

1. España no ha diseñado una carrera científica. Los “cerebros” que retornen han de saber que las universidades les contratarán como docentes, despreocuparándose, en general, por sus quehaceres investigadores, exigiéndoles únicamente el cumplimiento de la docencia. Sólo el CSIC ha diseñado una carrera científica. Los investigadores que llegan del extranjero son, por ello, difícilmente contratables en la universidad, o en hospitales si realizan investigación biomédica. Además la promoción posterior es inexistente.

2. Oposiciones frustradas a plazas en la Universidad . Quienes sólo se hayan dedicado a investigar, y no a enseñar formalmente, no podrán opositar a puestos de profesor titular o catedrático, por mucho curriculum vitae que lleven a sus espaldas, ya que la función docente documentable, por escasa o inexistente, les impedirá ser incluso baremados como candidatos a tales puestos por parte de la actual ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación).

En otras palabras, España trata a este colectivo como “investigadores no docentes”, aunque se pasen la vida enseñando cómo investigar y dando conferencias con sus novedosos resultados.

En nuestro país un premio Nobel no llegaría a catedrático si sólo hace investigación y no da clases de alguna asignatura de licenciatura. Y esta norma se ha seguido al pie de la letra durante décadas, por no decir siglos, a fin de introducir en el sistema a mediocres “docentes no investigadores”, impidiendo la entrada de investigadores de calidad que podrían en poco tiempo adaptarse a la docencia y contribuir con su investigación a incrementar el nivel de producción científica de nuestras universidades.

3. Exceso de carga docente. La carga docente en la universidad es habitualmente pesada y tediosa, y los “cerebros” que se encuentran en el extranjero, en general, desean investigar. Al regresar a España, si se les explota excesivamente con la docencia, suelen rebelarse y los problemas comienzan. Por otra parte, si no se les da ninguna carga docente se encuentran en la situación descrita en el punto anterior, lo cual a la larga podría ser peor, cuestionándose incluso desde la propia universidad si tal o cual “investigador no docente” debe continuar en el puesto que ocupa.

4. Dificultad para formar un grupo investigador. Aún cuando encuentren un puesto como investigadores en algún instituto de nueva creación o en algún centro del CSIC, que no en la universidad, los “cerebros” tendrán muy difícil formar su propio grupo de investigación al estilo del que ellos conocen en otros países, ya que, en general no recibirán personal adscrito bien formado, sino, a lo sumo algún becario para hacer la tesis doctoral bajo su dirección y después abandonar el grupo. Esta realidad no mejora con el tiempo, sino que se cronifica y año tras año logra minar la ilusión científica de gran número de investigadores de nuestro país.

5. Escasa o nula financiación básica. España no otorga, ni siquiera a sus mejores investigadores, una mínima cantidad de dinero anual para poder investigar. Es cada jefe de grupo quien debe solicitarlo al Ministerio, explicando en largos y tediosos documentos lo que quiere hacer, lo que ha hecho en el pasado, su historial de publicaciones científicas, etc.

En estos menesteres gasta el “cerebro” la mayor parte de su energía, sin ayuda de personal de secretaría de ningún tipo, lo cual le hará sentir que pasa demasiado tiempo pegado al ordenador y no pensando precisamente en experimentos científicos sino en cómo conseguir el dinero que necesita para realizar su propio trabajo.

¿Saben Vds. de algún otro trabajo en que se trabaje para conseguir el dinero con el que hay que comenzar a trabajar? ¿Y si a pesar de todo no se consigue? Así es la vida del investigador universitario. Cualquier ingeniero que hace investigación, sin embargo, por estar asociado a empresas patrocinadoras, puede plantearse objetivos más concretos, ya que existe una mínima financiación estable, consiga él dinero o no.

6. Exceso de burocracia en los procesos de investigación. La propia institución de investigación, sea el CSIC o las universidades, por un exceso de burocratización y sin mala fe en muchos casos, o con mala fe en otros, puede llegar a impedir al investigador que realice parte de esas peticiones económicas a las agencias de financiación, así como la entrada de becarios o el establecimiento de colaboraciones científicas con otras instituciones. Sin entenderlo, por tanto, no es raro que el investigador sienta que la propia institución donde trabaja no le facilita, sino lo contrario, su labor de búsqueda de financiación y personal adscrito bajo su dirección.

7. No se contratan investigadores fuera de los puestos de funcionarios: profesores titulares o catedráticos. Normalmente en España se dirige un grupo de investigación o se hace la tesis en él, para luego abandonarlo. No hay forma de contratar a un postdoctoral con experiencia que no quiera dirigir un grupo. Las “capas intermedias” no existen. No hay dinero para contratar a personal cualificado de forma permanente.

Esto supone un gran riesgo para los laboratorios: los directores no disponen de gente cualificada y ven con tristeza cómo ellos mismos van quedando desfasados de lo que un día hicieron. La calidad de la investigación de sus grupos puede ir disminuyendo progresivamente.

8. La productividad científica no se ve recompensada en España. Sólo se evalúa desde el Ministerio el crecimiento curricular de los profesores funcionarios (profesores titulares y catedráticos). El resto de profesores españoles son injustamente olvidados, produzcan lo que produzcan, incluso si producen más o mejores resultados que algunos de los profesores titulares y catedráticos. Simplemente no se les pagará nada extra por ello. Y si producen poco, tampoco se les penalizará.

9. Falta de personal técnico o de apoyo. Lo normal es que el investigador haga todo lo que tiene que hacer él solo: pedir fondos, rellenar folios y folios cada año con solicitudes, justificaciones, inventarios, facturas; buscar bibliografía publicada, escribir artículos dominando los programas informáticos existentes para ello; hacer fotografías o dibujos explicativos para incorporar a las publicaciones (hay que ser casi un experto del Photoshop o programas similares); dirigir a los becarios predoctorales de su grupo de investigación; atender las cuestiones que vengan de su Facultad o centro de investigación…

En fin, poco tiempo le queda para investigar (pensar, discutir con otros, releer temas de contraste) con serenidad. El investigador español pierde mucho tiempo por no disponer de ayuda suficiente a nivel de secretaría fundamentalmente.

10. Un conjunto de diferentes razones como las líneas de investigación prioritarias cambiantes cada poco número de años; la baja consideracion social, laboral y económica del investigador; la injusticia curricular que normalmente ha desfavorecido a quienes eran originales, inteligentes y sabían hacer sin dar demasiada lata; las célebres y nuevas inhabilitaciones a priori, según las cuales no se permite solicitar dos proyectos a la vez como investigador principal, perdiéndose los dos sistemáticamente al solicitarlos incluso por error; y muchas otras razones me obligan a recordar a estos jóvenes investigadores que el científico en España difícilmente puede llegar a realizar una investigación seria, competetitiva y con utilidad.

Además se cronifica como un ser en minoría de edad, bajo salario, becario permanente, sin fijeza en el trabajo, a la caza constante de dinero para investigar, finalizando todo ello casi siempre en la génesis de un ser desanimado, con pérdida de autoestima, por no decir solitario, taciturno, cansado de la vida (de la profesional al menos).

Pero muchos siguen adelante: el científico no sólo investiga por vocación, o por gusto, o por obligación desde instancias superiores (aunque nadie le obliga, ciertamente), sino también y sobre todo si lleva años investigando, por voluntad cajaliana con el convencimiento de que, a pesar de los obstáculos que el sistema español de ciencia y tecnología le pueda poner, unidos a los creados por su propio lugar de trabajo, él tiene una misión en esta vida y, humildemente, tiene que llevarla a cabo.



Javier Sáez Castresana dirige la Unidad de Biología de Tumores Cerebrales en la Universidad de Navarra. Ha trabajado anteriormente en el Instituto Karolinska (1988-1990), la Universidad de Harvard (1990-1992), y el CSIC (1992-1997).

Categoría: Ciencia, Política

martes, noviembre 13, 2007

Mendeléiev: Un breve homenaje en el centenario de su muerte (II)

“La razón no es enemiga del corazón, le sirve de ojos. No deis nada por los ojos, ni por los más dulces, ni por los más tiernos; pero por el corazón, dadlo todo. No busquéis la inteligencia, ni la apariencia exterior: elegid por compañeros el corazón y el trabajo”.

De la carta que Mendeléiev escribió a sus hijos Vladímir y Olga en 1884, tras su segundo matrimonio.


Versión de la Tabla Periódica de los elementos que aparece en el sello “Tabla Periódica de elementos de Mendeléiev” que emitió el 2 de febrero de 2007 el Servicio de Correos español para conmemorar el centenario de la muerte del químico ruso. En ella destacan cuatro huecos correspondientes a los cuatro elementos que aún no se habían descubierto cuando Mendeléiev propuso su Tabla Periódica (1869) y cuya existencia y propiedades predijo con gran precisión.Pocos años más tarde, en 1865, y con sólo 31 años, Mendeléiev fue nombrado profesor de Química de la Universidad de San Petersburgo. Conservamos las impresiones de los alumnos que tuvieron la fortuna de asistir a sus clases. Uno de ellos comentaba: “Siendo yo estudiante en 1880, luchaba a brazo partido, como todos mis compañeros, para entrar en el anfiteatro en que Dimitri Ivánovich daba los cursos ¿Quién no lo recuerda? […] Una poderosa voz de barítono, una dicción maravillosa, hermosos gestos muy expresivos, muy personales, un estilo muy original, tan pronto lento, tan pronto rápido, obedeciendo al vuelo armonioso de su espíritu, aquello impresionaba al auditorio y el anfiteatro de Mendeléiev estaba siempre lleno”.
Unos años más tarde, en el curso 1890-1891, se produjeron algunos altercados debido a los intentos de los estudiantes de democratizar la Universidad. En cierta ocasión en la que la policía había rodeado la Universidad y para evitar males mayores, Mendeléiev se ofreció a llevar las demandas de los estudiantes ante el Ministro de Instrucción Pública. Éste se negó a admitir ninguna de las demandas que el ilustre profesor había llevado ante él. Inmediatamente, Mendeléiev presentó su dimisión como catedrático de Química por el compromiso que había adquirido con los estudiantes y que no pudo satisfacer.


El 3 de abril de 1890 el aula en la que enseñaba Mendeléiev estaba llena. Era su último día como profesor de la Universidad de San Petersburgo y nadie, estudiante de Química o no, quería perderse la última clase del profesor de Tobolsk. Afortunadamente, alguno de aquellos estudiantes tomó nota de aquellas palabras que ahora traigo hasta aquí. Esto es lo que decía Mendeléiev: “He conseguido una libertad interior. No hay nada en el mundo que tema decir. Nadie ni nada puede hacerme callar. Es un buen sentimiento. Es el sentimiento de un hombre. Quiero que vosotros tengáis también este mismo sentimiento –es mi responsabilidad el ayudaros para que logréis esta libertad interior. No se trata de descerrajar la puerta del templo y arrancar la cortina detrás de la que se ocultaría la verdad. No hay nada, eso son fábulas, palabras vacías. No existe nada semejante, no hay cortina. La verdad no está oculta a los hombres, está entre nosotros, esparcida por el universo”.

Sin duda, la gran contribución de Mendeléiev es la Tabla Periódica cuyos elementos siguen estudiándose ordenados en grupos y periodos en los colegios de todo el mundo. Hoy la Tabla Periódica es protagonista de clases de ciencias, laboratorios, libros de Química, e incluso logotipos, camisetas y ahora sellos de correos. Como tantas cosas en la vida de Mendeléiev, el descubrimiento de la Tabla Periódica fue también algo extraordinario. De hecho, en palabras del propio Mendeléiev: “En un sueño, vi una tabla en la que todos los elementos encajaban en su lugar. Al despertar, tomé nota de todo en un papel”. Esta visión ocurrió tras tres días con sus noches tratando de ordenar los elementos en familias de acuerdo a sus propiedades químicas. Para ello utilizó tarjetas que utilizada como cartas, juego al que era muy aficionado, en lo que podríamos llamar una versión química del solitario. Vencido por el cansancio, al cerrar los ojos, todo aquel galimatías cobró sentido en su cabeza.

Anteriormente, se habían propuesto otras tablas periódicas, en general menos completas o con errores importantes; pero la razón por la que todo el mundo reconoce a Mendeléiev como padre de la Tabla Periódica es que se dio cuenta de que algunos elementos aún no se habían descubierto y que por lo tanto era necesario reservar un sitio para ellos. Este pensamiento genial se destaca en la versión de la Tabla Periódica de este artículo y que aparece en el sello que el Servicio de Correos emitió el 2 de febrero de 2007 para conmemorar el centenario de la muerte del gran químico ruso. Pero Mendeléiev no se quedó ahí, sino que dio un paso de gigante cuando predijo con gran precisión las propiedades de los elementos que aún no se habían descubierto. Poco después, en 1875, el químico francés Paul Émile Lecoq de Boisbaudran descubría el galio, uno de los elementos que Mendeléiev había predicho. Este hecho sirvió para confirmar la teoría de la periodicidad de los elementos del químico ruso. Pero había un problema. A pesar de que las propiedades que Mendeléiev había adelantado para este nuevo elemento coincidían con gran precisión con las propiedades que el químico francés había medido, la densidad experimental era de 4,7 g/cm3 muy inferior a los 5,9 g/cm3 que había predicho Mendeléiev años antes. De nuevo, nuestro protagonista dio muestras de su carácter impetuoso y publicó que su teoría era correcta y el francés debía estar utilizando una muestra impura del nuevo elemento. Esto molestó profundamente a Lecoq de Boisbaudran quien repitió sus medidas para desmentir al ruso. Pero no estaríamos ahora hablando de Mendeléiev sino fuera un verdadero genio; las nuevas medidas dieron exactamente los 5,9 g/cm3 predichos por el padre de la Tabla Periódica.

Para saber más:

Primera parte

En la web:

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Dimitri_Mendeleyev

[2] http://web.educastur.princast.es/proyectos/fisquiweb/Mendeleiev/BioMendeleiev.htm

Libro recomendado:

Pascual Román Polo, El profeta del orden químico. Mendeléiev. Editorial Nivola, Tres Cantos, 2002.



Javier García Martínez

Categoría: Historia

lunes, noviembre 05, 2007

Los otros pilares de la tierra

Las termitas son unos seres sorprendentes. Entre otras llamativas características, estos insectos viven en colonias que pueden alcanzar los dos millones de individuos y cuentan con especies que, en las áridas sabanas de África y Australia, construyen montículos de tierra de entre dos y seis metros altura y de hasta mil metros cúbicos de volumen que les sirven como confortables nidos termorregulados.

Otro dato que puede sorprender a más de uno es que todas las acciones que realizan estos minúsculos animales están programadas genéticamente. Su sistema nervioso no está lo suficientemente desarrollado como para tener la facultad de aprender y, por tanto, no son capaces de adaptar su patrón de conducta a una situación dada. Se limitan a responder a los estímulos que reciben del exterior con la solución indicada en su código genético. Pero entonces, ¿cómo se las apañan para construir sus mastodónticos nidos?

En el recomendable libro Cómo el Homo se convirtió en Sapiens del catedrático de Ciencia Cognitiva sueco Peter Gärdenfors se puede encontrar la explicación:

“Otro ejemplo intrincado lo constituye el modo como las termitas construyen sus montículos. Se trata de estructuras complejas con muchas bóvedas y pasadizos. No obstante, no hay un arquitecto que diseñe la planta ni un capataz que esté al mando de la obra. Las termitas no tienen “ilustración” alguna de lo que están haciendo. Ruedan sus masas de barro que, desde el principio, se colocan al azar. Las bolas de barro o arcilla contienen una fragancia que es irresistible. A las termitas les gusta dejar sus bolas donde la fragancia es más fuerte. En realidad, esto es lo único que las guía.

Lo que sucede entonces es interesante. Una bola que ya está en el suelo desprende un olor más fuerte, con lo cual las bolas nuevas se colocan la más de las veces sobre las antiguas. De este modo, surgen pequeños pilares de barro; pero si dos pilares se acercan, el olor del otro afecta a la termita que está a punto de poner una bola al lado, lo que significa que dicha bola acaba colocada un poco más cerca del otro pilar. Cuanto más se elevan los pilares, más se influyen entre sí. Como resultado, comienzan a inclinarse cada uno hacia el otro, y pronto las termitas han construido un arco sin pretenderlo. Un arco es seguido por otros, y tras un número enorme de bolas de barro, se ha desarrollado la forma gótica del montículo. Las termitas observan un único principio: pon tu bola de barro donde la fragancia sea más fuerte. Las leyes físicas del mundo circundante hacen que el resultado sea un montículo de arquitectura sofisticada que proporciona una protección conveniente a sus constructoras.”

Una vez más, la vida nos maravilla con su economía de medios: un único mecanismo relativamente simple es capaz de generar un producto de alta complejidad.


David Sucunza Sáenz

Categoría: Ciencia, Biología, Ecología

miércoles, octubre 24, 2007

Un breve viaje por la ciencia

Queridos impacientes, el pasado 4 de junio presentamos el libro ‘Un breve viaje por la ciencia’, una obra que recopila los textos ganadores del II Certamen ‘Teresa Pinillos’ de Ensayos de Divulgación Científica, fallado en junio de 2005. Ésta es la primera iniciativa que emprendemos como Nexociencia, nueva asociación heredera de la antigua Asociación de Investigadores y Tecnólogos de La Rioja (AITRi), en la que nos proponemos seguir colaborando a alentar la comunicación científica y humanística con el reto de conseguir que la sociedad pueda percibir de modo directo los beneficios reales y potenciales del desarrollo científico.

Los ensayos publicados en el libro abordan, con afán divulgativo, cuestiones como la regeneración de tejidos, los geles, las Matemáticas y la lucha antiterrorista, el cambio climático, el programa espacial europeo, la soja transgénica en Argentina, el consumo de energía, la discriminación de personas discapacitadas y la vida de las prostitutas en Roma.

A este certamen se presentaron una treintena de obras procedentes de España (Castilla y León, Valencia, Madrid, País Vasco, Islas Canarias, Andalucía, Cataluña, Asturias, La Rioja), Argentina y EE.UU. Las obras ganadoras y publicadas son:

  • PRIMER PREMIO ‘Regenerator. La medicina del futuro’ de Juan José Sanz Ezquerro. Trata sobre la capacidad de algunos organismos de volver a regenerar partes de su anatomía amputadas, uno de los grandes misterios de la biología, y sus potenciales aplicaciones en el ser humano.

  • ACCÉSIT ‘Los geles: una maravilla de la ciencia al servicio de la sociedad de David Díaz Díaz. El ensayo analiza una clase especial de sustancias químicas, los hidrogeles, capaces de captar cantidades considerables de agua aumentando su volumen, con aplicaciones por ejemplo en medicina, agricultura, industria alimentaría,.... hasta en el pañal de un bebe.

  • ACCÉSIT ‘¿Qué pueden hacer las matemáticas en la lucha antiterrorista?’ de Oscar Ciaurri Ramírez. Presenta varios trabajos dirigidos a responder a la pregunta que se plantea. Desde descifrar mensajes encriptados, predicción del desenlace de batallas militares -y campañas de marketing-, hasta las técnicas matemáticas más modernas de análisis del riesgo y redes sociales.

  • ‘El cambio climático un problema global’ de Sara del Río González. La autora presenta su trabajo realizado en la Universidad de León, en el que se evalúan las posibles consecuencias que un cambio climático podría ocasionar en la vegetación natural de Castilla y León.

  • ‘En busca de nuevas fronteras: el programa espacial científico europeo’ y ‘El programa Galileo, la gran apuesta tecnológica europea’ de Tirso Velasco Fernández que, respectivamente, repasa los principales éxitos y retos de la ciencia espacial europea y presenta los detalles del Sistema Global de Navegación por Satélite: Galileo, la alternativa europea al GPS americano.

  • ‘La sojización de la Argentina: fragmentos de un debate pendiente’ en el que su autora, Romina Lorena Kippes, analiza el tema sobre la plantación de soja transgénica en la Argentina y sus consecuencias sobre la fauna autóctona y la deforestación.

  • ‘Una estrella para el futuro’ de Jesús Salvador Giner. El ensayo profundiza en el consumo indiscriminado de energía de nuestra civilización, visto desde la perspectiva de la estrella que la sustenta, el Sol.

  • ‘Dis-capacidad y disabilismo, el alcance de un prejuicio y nuestra responsabilidad’ de María Eugenia García Sottile. La autora hace una crítica de la discriminación a las personas con discapacidades que se hace desde nuestra propia lengua hasta en la imagen que se presenta de ellos en los medios de comunicación.

  • ‘Sequere me: tras la huella de las prostitutas en la antigua Roma’ en el que Carmen Herreros González, analiza la evolución de la prostitución durante la antigua Roma y la discriminación a la que eran sometidas las prostitutas.


El volumen, está prologado por Encarnación Núñez, profesora de Biología de la Universidad de La Rioja y miembro del jurado, y está ilustrado por los artistas riojanos Daniel Diez, Alberto Ruiz y Alfonso Valenciano. Aprovechamos este espacio para agradecer a todos los autores, jurados y artistas su participación en este proyecto.
Para la edición del libro, tenemos que agradecer también la ayuda de la Universidad de La Rioja, su Servicio de Publicaciones y el programa Difuciencia de divulgación y difusión científica financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia.

Nexociencia recoge así el testigo de la Asociación de Investigadores y Tecnólogos de La Rioja, AITRi, que desde su comienzo en 2001, colaboró junto al resto de asociaciones de becarios que forman la Federación de Jóvenes Investigadores (FJI-Precarios) en la dignificación de la carrera investigadora. Seis años después, esta nueva asociación nace con la intención de volcarse en la comunicación científica y humanística, un proyecto reciente cuyo principal reto es contribuir a la difusión de los beneficios reales y potenciales del desarrollo científico.



Ignacio Barriobero Neila


Categoría: Divulgación, Nexociencia, Certamen