Ciencia para impacientes

viernes, abril 13, 2007

La revolución de los canesúes

Leer en el periódico las palabras innovación y España relativamente próximas siempre provoca cierta inquietud. “España va a sufrir mucho si no empieza a innovar”, ese era el titular de una entrevista al profesor de la Universidad de Stanford, Nathan Rosemberg (considerado como uno de los mayores expertos del mundo en políticas de innovación) publicada en ELPAIS el 8 de mayo de 2005. Casi dos años después, el pasado día 2 de abril, se presentó el informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sobre recomendaciones políticas en el área de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i), solicitado por España y que recoge las conclusiones de un grupo de expertos que visitó el país a finales de 2006.

Este informe vuelve a incidir en que entre los mayores desafíos a los que se enfrenta España, se incluyen un sistema de financiación de la investigación pública “fragmentado”, “con poco énfasis en resultados y excelencia”; el escaso, aunque creciente gasto empresarial en I+D; el bajo nivel de innovación de las pymes, y el mercado de capital riesgo poco desarrollado. Desde el Ministerio de Educación y Ciencia toman nota y dicen asumir este reto para el diseño del próximo Plan Nacional de I+D.

Pero ¿es tan difícil leer las palabras innovación y España sin llevarse un disgusto? ¿Es tan difícil innovar?


Entre atardecer y atardecer en la meseta castellana del libro “El hereje” de Miguel Delibes, se encuentra un episodio de la historia de Cipriano Salcedo que viene a contestar a estas preguntas.

El personaje, afincado en Valladolid, fue heredero del negocio familiar. El padre de Cipriano se dedicaba a la recogida, almacenaje y transporte de la lana que producía la Castilla de Carlos V, y que varias veces al año, transportaba a Burgos para un famoso comerciante, Nestor Maluenda. Una vez allí, Nestor lideraba el comercio marítimo de los vellones para las fábricas textiles de Flandes. Desde los puertos del norte, los vellones bordeaban la costa francesa hasta los puertos flamencos.

Cuando Cipriano heredó el negocio del padre, también lo hizo el sucesor del comerciante burgales, Gonzalo Maluenda, al que Cipriano veía con desconfianza para el futuro de su negocio por -chiquilicuatro, pretendidamente ingenioso-. Además, cobrar por hacer de mero intermediario le parecía una actividad poco noble. Cipriano admiraba a aquellos que con su ingenio innovaban en el producto -de tal manera que, sin saber por qué ni por qué no, venía de pronto a modificar la voluntad de compra de los clientes-.

El negocio de transportar la lana hasta Flandes se complicaba cada día. Los barcos eran atacados por los corsarios cada vez con más frecuencia y los seguros estaban encareciendo tanto que la rentabilidad del negocio peligraba.

Ante este panorama de amenazas, Cipriano maduró poco a poco una alternativa de supervivencia para su empresa: dar valor añadido en origen a la lana castellana. Y apareció la idea. Aplicar unos canesúes al popular y modesto zamarro de pastor para convertirlo en una prenda para las clases altas. Invención que, mejorada con la utilización de un forro de pieles finas de las alimañas serranas (marta, garduño, nutria, jineta), se convirtió en un gran éxito. La revolución de los canesúes, como Cipriano la llamaba, hizo conocidos los zamarros en toda Europa, -“Nunca un simple canesú armó una revolución semejante en la moda. Eso es el ingenio”-.

¿Es sólo literatura? Parece que no. Leyendo la prensa se encuentran casos actuales de otros emprendedores con ideas innovadoras. Por citar algunos, podemos encontrar ejemplos en el Málaga valley e-27 (ver artículo publicado en XL Semanal) o el de la empresa Arsys y el Parque Digital (ver artículo publicado en ELPAIS), dos iniciativas pioneras que pretenden aprovechar las oportunidades de las Tecnologías de la Información y la Comunicación en los nuevos rumbos de la “lana”.

Y para el futuro, ¿de qué deberíamos preocuparnos a la hora de innovar? Una cita del mismo autor puede darnos alguna pista:

El hombre de hoy usa y abusa de la naturaleza como si hubiera de ser el último inquilino de este desgraciado planeta, como si detrás de él no se anunciara un futuro”. Miguel Delibes


J. Ignacio Barriobero Neila


Categorías: Innovación, Noticias, Política, Ciencia

8 comentarios:

Sucun dijo...

Interesante reflexión. Y viendo que nuestra dependencia de los combustibles fósiles nos está llevando a un callejón sin salida, parece que la innovación en el campo de energías no basadas en el carbono será uno de los principales temas donde fijarse a la hora de innovar.

Ainhoa. dijo...

Para mí (estudio Física) el problema no está tanto en innovar, sino en destinar más presupuesto a nuestros laboratorios y centros de investigación. Es una pena que hoy en día lo normal sea que los mejores de cada promoción de las carreras de ciencias tengan que salir de España para poderse dedicar a la investigación seria...

Bender dijo...

Bien, hemos topado con un tema interesante. Esperaba una discusión un poco más acalorada, pero parece que me toca a mí sembrar la discordia.
Un punto que el autor no toca y que, en mi opinión, es el más importante, es qué entendemos por innovación (esa i que se cuela menudo detrás de I+D). A mi entender, la verdadera innovación es la del bueno de Cipriano. Sin embargo, al menos en España, siempre a la cabeza de las estadísticas menos adecuadas, esa i se refiere a otra cosa. En concreto, a un buen montón de dinero público empleado en comprarle al cacique de turno más tractores o en desarrollar proyectos sin verdadero interés ni constancia. Desgraciadamente, la mayoria de "nuestros" empresarios que, como Cipriano, heredaron el negocio de su padre, están de parte de la innovación que implica nuevos ordenadores para la oficina, pero nunca de la que consiste en contratar a una persona con la capacidad suficiente como para pensar. ¿Para qué sirven las advertencias, los informes? ¿Acaso dicen algo que los implicados no sepan ya? Por supuesto es importante denunciarlo, hacerlo público. Pero más importante aún es convencer a quien de verdad hay que convencer. Y en este caso yo lo tengo claro. Hace falta más dinero, desde luego. Pero sobre todo hace falta saber usarlo.

Flexo dijo...

Como leí el otro día por ahí, «en España, I+D significa Ingenio y Desparpajo». Creo que el problema no es, principalmente, ni de recursos ni de ignorancia, sino de moral. Que la gente haga lo que se debe hacer, y no lo que más le conviene (egoistamente) en un momento dado, haciendo gala de su cortedad de miras.

Manu dijo...

He trabajado gran parte de mi vida en I+D y creo que hay cuatro problemas principales.
El primero que innovar supone alterar el mercado, y en este pais la libre competencia nunca ha funcionado. Las empresas no sacan ventaja de una mejor tecnologia, sino de un buen trafico de influencias, que es de lo que depende la obtencion de contratos. Quien intente alterar un negocio donde los precios y los servicios estan ferreamente pactados entre quienes se reparten el pastel tendra severos problemas.
El segundo la corrupcion, el dinero destinado a I+D siempre acaba en manos de sinverguenzas con prestigios inventados que lo utilizan para los fines mas dispares. En ocasiones es el propio estado el que recupera el dinero para otros fines a traves de institutos de investigacion, cuyas investigaciones son mas que discutibles. El tercero es de mentalidad, se considera un persona seria y disciplinada a la que se aprende la ciencia y la tecnologia y la aplica a rajatabla. Por contra se considera indisciplinado, vago y iluso e irresponsable al que cree que los procedimientos pueden ser cambiados con ventaja. Incluso aquellos que logran desarrollar tecnologias realmente ventajosas son vistos así por sus compañeros. "Inventor" no es un calificativo que imponga respeto, mas bien se suele utilizar para ridiculizar.
El cuarto es el nulo respeto a los derechos de autor que hay en este pais. Desmotiva mucho de esforzarse cuando sabes que el resultado de tu trabajo pertenecera a la empresa, sobre todo cuando sabes que despues de varios años de un sueldo miserable, al despedirte te haran firmar un contrato de confidencialidad y no competencia que te obligara a apartarte durante diez años de la tecnologia que has desarrollado y a buscarte la vida por otros derroteros.

Nacho dijo...

En relación a la definición del termino "innovación", tal y como se usa en el texto, se refiere de manera global a lo que conocemos por I+D+i, según se cita en el siguiente artículo de Gestión de la innovación. Coincido con el comentario de Bender sobre que hace falta más inversión en investigación pero, como apunta, hay que saber gastarlo bien. Con adecuados sistemas de evaluación de los proyectos que no se reduzcan a la justificación vía facturas del dinero gastado.

sucun dijo...

Algunos ya están en ello:
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