Ciencia para impacientes

lunes, febrero 11, 2008

En busca de la vida artificial

[Texto publicado en el diario La Rioja con fecha 2 de febrero de 2008]

El ser humano está a un paso de crear vida artificial. Éste es el impactante titular que muchos medios de comunicación han dedicado al último hallazgo del científico norteamericano Craig Venter, publicado en la prestigiosa revista Science el pasado jueves (24/1/08). Aunque en realidad la noticia debería haber sido tratada de manera algo más modesta, es igualmente reseñable: el grupo de investigación que dirige este brillante (y polémico) biólogo ha logrado sintetizar el genoma completo de un ser vivo a partir de elementos químicos. Un importante avance tecnológico que, según sus propios autores, podrá utilizarse para producir fármacos, fabricar biocombustibles o digerir contaminantes.

Crear vida artificial, da vértigo sólo de pensarlo. Sin embargo, parece que habrá que irse acostumbrando porque son varios los grupos científicos que, esparcidos por todo el mundo, investigan este tema y es posible que se convierta en realidad a medio plazo. Pero vayamos más despacio, que más de uno se ha podido perder entre tanta jerga científica. Creo que no estará de más explicar alguno de los términos que ya han aparecido antes de continuar con el tema que nos ocupa. Para empezar, ¿qué es un genoma? Podríamos denominarlo como el archivo genético que cada ser vivo hereda de sus antecesores y que determina todos los procesos biológicos que rigen su construcción y funcionamiento. O un poco más simple, el manual de instrucciones que cada célula lleva incorporado en su interior. Manual que está escrito en un lenguaje químico, el del ADN, compuesto solamente por cuatro letras, llamadas bases nitrogenadas. Según la complejidad del ser vivo en cuestión, su genoma necesita de un texto de mayor o menor número de letras. Así, el del ser humano ocupa la friolera de 3.300 millones; el que ha elegido Craig Venter para copiar, el de la bacteria Mycoplasma genitalium, es mucho más simple, tiene “tan solo” 582.000 letras.

Crear vida artificial supondría poner el genoma sintetizado junto a una serie de moléculas esenciales para la vida (proteínas, aminoácidos, lípidos…) y obtener una célula de esa mezcla. Nadie ha llegado hasta ahí y, de hecho, el proyecto de Craig Venter es bastante menos audaz; se limita a trasplantar ese genoma a una bacteria de otro tipo y cambiar así su funcionamiento. Nada más. Y nada menos porque, en el momento en que sea capaz de controlar el manejo de esta sofisticada técnica, tiene planeado modificar este genoma para añadirle nuevos genes que ordenen a la bacteria realizar funciones determinadas, como la producción de fármacos, fabricación de biocombustibles y digestión de contaminantes que ya hemos señalado.

Al igual de lo que ocurre con otras novedosas investigaciones en ingeniería genética, que por ejemplo ya permiten la síntesis de fármacos a partir de microorganismos modificados genéticamente, las posibilidades que abriría esta técnica son inmensas. Pero no todas agradables; también podría ser utilizarla con fines tan deplorables como la fabricación de armas biológicas. Un peligro que despierta un lógico recelo por parte de la sociedad e invita a un necesario debate ético.

A este respecto, la historia nos ha enseñado algo: todas las tecnologías desarrolladas por el hombre han tenido dos caras. El primer ser humano que fue capaz de controlar el fuego probablemente lo usó para calentarse en las noches frías, pero no tardó mucho en advertir que era una poderosa arma con la que vencer a los clanes rivales. Y qué decir de los metales, la pólvora, la máquina de vapor o la energía nuclear. Incluso la imprenta, que nos sacó de las tinieblas de la ignorancia e hizo posible la alfabetización y culturización masivas, ha sido utilizada para transmitir el odio entre naciones, credos y razas. ¿Será distinto esta vez? Probablemente no pero quizá exista una manera de limitar los usos perniciosos de las nuevas tecnologías: su comprensión pública. Parece mucho más complicado que algo te perjudique cuando entiendes su funcionamiento y los peligros que entraña. Lo mismo ocurre con las aplicaciones que se derivan de los avances científicos y tecnológicos; si la sociedad las conoce y comprende su significado podrá estar más segura de que no se volverán en su contra.



David Sucunza

Categoría: Ciencia, Biología

7 comentarios:

Antonio dijo...

No parece muy novedoso, la modificación genética de bacterias es algo bastante normal en estos días. ¿Dónde está "la noticia" que publica Science?

sucun dijo...

http://www.sciencemag.org/cgi/content/abstract/1151721v1?maxtoshow=&HITS=10&hits=10&RESULTFORMAT=&fulltext=craig+venter&searchid=1&FIRSTINDEX=0&sortspec=date&resourcetype=HWCIT

Alberto dijo...

Creo que habría que matizar el argumento empleado aquí en favor de la «comprensión pública de las tecnologías». Yo creo que esta comprensión no actúa como factor limitante de los «usos perniciosos» de la tecnología, en contra de lo que se apunta en el artículo. La cuestión hay que plantearla aquí desde el punto de vista ético, y en el contexto del artículo, de la llamada bioética. Evidentemente, el saber científico no tiene nada que ver con hacer el bien o no, igual que lo que distingue a un civilizado charcutero de un asesino degollador no es su conocimiento del funcionamiento de un cuchillo.

Cuando se dice que «parece mucho más complicado que algo te perjudique cuando entiendes su funcionamiento y los peligros que entraña», creo que se olvida una de las caras, la de que las tecnologías también se pueden usar para el mal. La idea puede valer para convencer al fraile medieval atemorizado por el invento diabólico de la imprenta (o para calmar al charcutero temeroso de los ultramodernos nuevos cuchillos Ginshu), pero no sirve para quien planea hacer el mal aprovechando sus conocimientos científicos. Ejemplos de esto último sobran en la historia.

Claro, también podría ser que nos estemos planteando una ética intelectualista al estilo de la de Sócrates (virtud = conocimiento), aplicada además a la sociedad, no sólo al individuo. Pero eso me parece que es ir muy lejos, y pasar por alto varios siglos de historia y de ética.

Lo que yo creo es que el conocimiento es una condición previa para el uso ético de la tecnología. Para poder actuar responsablemente, primero hay que saber hasta dónde pueden llegar nuestros actos. Esta es la importancia del conocimiento, como requisito de la ética. Pero lo que finalmente se haga con la tecnología, depende de la capacidad de distinguir lo bueno de lo malo que tenga el individuo o la sociedad correspondiente.

Anónimo dijo...

estoy de acuerdo y espero que la misma vida que es savia, pues regenera un bosque quemado, y cura una herida, haga nacer a una sociedad que olvide los odios y tantas cosas que intentan inculcar, para separarnos a los unos de los otros, espero que la misma naturaleza nos de esa saviduria. ( algunas veces me sorprendo cuando encuentro a alguna persona que se pueda llamar persona en un alto cargo, y me pregunto como es posible que esta persona haya llegado tan alto, con la cantidad de sinverguenzas y chorizos que habra tenido que sortear en el camino, parece imposible........)

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