Ciencia para impacientes

lunes, febrero 11, 2008

En busca de la vida artificial

[Texto publicado en el diario La Rioja con fecha 2 de febrero de 2008]

El ser humano está a un paso de crear vida artificial. Éste es el impactante titular que muchos medios de comunicación han dedicado al último hallazgo del científico norteamericano Craig Venter, publicado en la prestigiosa revista Science el pasado jueves (24/1/08). Aunque en realidad la noticia debería haber sido tratada de manera algo más modesta, es igualmente reseñable: el grupo de investigación que dirige este brillante (y polémico) biólogo ha logrado sintetizar el genoma completo de un ser vivo a partir de elementos químicos. Un importante avance tecnológico que, según sus propios autores, podrá utilizarse para producir fármacos, fabricar biocombustibles o digerir contaminantes.

Crear vida artificial, da vértigo sólo de pensarlo. Sin embargo, parece que habrá que irse acostumbrando porque son varios los grupos científicos que, esparcidos por todo el mundo, investigan este tema y es posible que se convierta en realidad a medio plazo. Pero vayamos más despacio, que más de uno se ha podido perder entre tanta jerga científica. Creo que no estará de más explicar alguno de los términos que ya han aparecido antes de continuar con el tema que nos ocupa. Para empezar, ¿qué es un genoma? Podríamos denominarlo como el archivo genético que cada ser vivo hereda de sus antecesores y que determina todos los procesos biológicos que rigen su construcción y funcionamiento. O un poco más simple, el manual de instrucciones que cada célula lleva incorporado en su interior. Manual que está escrito en un lenguaje químico, el del ADN, compuesto solamente por cuatro letras, llamadas bases nitrogenadas. Según la complejidad del ser vivo en cuestión, su genoma necesita de un texto de mayor o menor número de letras. Así, el del ser humano ocupa la friolera de 3.300 millones; el que ha elegido Craig Venter para copiar, el de la bacteria Mycoplasma genitalium, es mucho más simple, tiene “tan solo” 582.000 letras.

Crear vida artificial supondría poner el genoma sintetizado junto a una serie de moléculas esenciales para la vida (proteínas, aminoácidos, lípidos…) y obtener una célula de esa mezcla. Nadie ha llegado hasta ahí y, de hecho, el proyecto de Craig Venter es bastante menos audaz; se limita a trasplantar ese genoma a una bacteria de otro tipo y cambiar así su funcionamiento. Nada más. Y nada menos porque, en el momento en que sea capaz de controlar el manejo de esta sofisticada técnica, tiene planeado modificar este genoma para añadirle nuevos genes que ordenen a la bacteria realizar funciones determinadas, como la producción de fármacos, fabricación de biocombustibles y digestión de contaminantes que ya hemos señalado.

Al igual de lo que ocurre con otras novedosas investigaciones en ingeniería genética, que por ejemplo ya permiten la síntesis de fármacos a partir de microorganismos modificados genéticamente, las posibilidades que abriría esta técnica son inmensas. Pero no todas agradables; también podría ser utilizarla con fines tan deplorables como la fabricación de armas biológicas. Un peligro que despierta un lógico recelo por parte de la sociedad e invita a un necesario debate ético.

A este respecto, la historia nos ha enseñado algo: todas las tecnologías desarrolladas por el hombre han tenido dos caras. El primer ser humano que fue capaz de controlar el fuego probablemente lo usó para calentarse en las noches frías, pero no tardó mucho en advertir que era una poderosa arma con la que vencer a los clanes rivales. Y qué decir de los metales, la pólvora, la máquina de vapor o la energía nuclear. Incluso la imprenta, que nos sacó de las tinieblas de la ignorancia e hizo posible la alfabetización y culturización masivas, ha sido utilizada para transmitir el odio entre naciones, credos y razas. ¿Será distinto esta vez? Probablemente no pero quizá exista una manera de limitar los usos perniciosos de las nuevas tecnologías: su comprensión pública. Parece mucho más complicado que algo te perjudique cuando entiendes su funcionamiento y los peligros que entraña. Lo mismo ocurre con las aplicaciones que se derivan de los avances científicos y tecnológicos; si la sociedad las conoce y comprende su significado podrá estar más segura de que no se volverán en su contra.



David Sucunza

Categoría: Ciencia, Biología

jueves, enero 17, 2008

Bienvenidos al ciclo 24

Ciclo solarEl ciclo solar (ciclo de actividad magnética solar) tiene que ver con la compleja actividad termonuclear que sustenta nuestra estrella. Como consecuencia, se producen fluctuaciones en la polaridad magnética del sol, cuyos polos magnéticos se invierten cíclicamente. Este ciclo fue descubierto en 1843 por Samuel Heinrich Schwabe, cuando estudiaba la evolución de las manchas solares. El primer ciclo fue observado y registrado en 1755; a partir de él se han seguido anotando hasta nuestra época, en la que acabamos de iniciar el ciclo 24. (Lista de ciclos solares.)

El ciclo solar tiene una duración media de 11,1 años, aunque se han observado ciclos cortos de 9 años y ciclos largos de hasta 14. Un nuevo ciclo comienza cuando aparecen las primeras manchas solares, después de un período de ausencia de las mismas. Las manchas aparecen primero a una latitud solar elevada; a medida que progresa el ciclo, las manchas van congregándose alrededor del ecuador solar. En esta página de la NASA, se hacen la pregunta: «¿está comenzando un nuevo ciclo solar?», con pertinentes explicaciones.

El origen de las manchas solares y su aparición cíclica fue estudiado por primera vez por George Ellery Hale. En 1908, demostró que las manchas solares están muy magnetizadas. Mas tarde, comprobó que en el sol se forman pares de manchas cuya polaridad magnética, dentro de un ciclo, es siempre la misma en un mismo hemisferio solar y opuesta en pares situados en hemisferios diferentes. Además, las polaridades se invierten en ambos hemisferios al cambiar de un ciclo al siguiente. Estos ciclos magnéticos tienen una duración media de 22 años que, por simetría, dan lugar al ciclo de 11 observado.

La aparición de manchas solares (el ciclo magnético) es uno de los factores, entre otros, que contribuye a las variaciones de luminosidad del sol. Sin embargo, el efecto de las manchas solares en lo que respecta al calor que llega a nuestro planeta es pequeño. Además, la inercia térmica de la tierra hace que prácticamente no se noten las variaciones.

Existen, no obstante, otros ciclos solares de mayor duración. El siguiente en duración es el denominado ciclo de Gleissberg, que dura unos 80 años. En este caso, la causa recae sobre el movimiento oscilatorio del sol alrededor de centro de masas del sistema solar. Este ciclo tiene mayor impacto en el clima, y es el responsable del mínimo de Maunder, ocurrido entre 1645 y 1715, que parece ser el causante de la conocida como pequeña edad de hielo. Además, existen otros ciclos de mayor duración, que no sólo involucran al sol sino también a los movimientos de la órbita terrestre, que influyen en el clima a una escala mucho mayor. Así se explican, por ejemplo, las grandes glaciaciones ocurridas en el pasado.

Según la opinión de algunos científicos, y en contra de las ideas generalizadas sobre el calentamiento global de la tierra, nos encaminamos hacia una época de frío. El efecto se podría notar ya en este ciclo solar, el 24. En especial, a partir de 2030, entraríamos en el mínimo de Gleissberg correspondiente y el enfriamiento global sería más notorio. Estos científicos sostienen que el calentamiento debido al efecto invernadero es muy pequeño y de mucha menor influencia que los cambios en la actividad solar. http://blogdejavima.blogspot.com/2007/10/partir-de-2012-asistiremos-un.html

¿Qué actitud tomar ante estas opiniones diametralmente opuestas dentro de la ciencia? Tanto si avanzamos hacia un período de calentamiento, como si este es de enfriamiento, está claro que el pánico sobra. La histeria, el uso político y el antropocentrismo sobran. El clima terrestre depende de un equilibrio delicado entre muchos factores y no se puede comprender simplemente atendiendo a procesos simples aislados, como puede ser el efecto invernadero o las manchas solares. Todo ha de analizarse en conjunto.

Por otro lado, no ha de olvidarse que las emisiones excesivas de dióxido de carbono constituyen sólo un aspecto del problema, y quizá no el más acuciante. Cualquier vertido masivo de sustancias, sean gaseosas, líquidas o sólidas, puede tener efectos adversos para la humanidad. Y es posible que el dióxido de carbono no sea nuestra mayor amenaza, si la comparamos con el creciente envenenamiento de las aguas, de la tierra y del aire con sustancias extrañas a la maquinaria metabólica de los seres vivos.


Alberto Soldevilla

Categoría: Astronomía, Noticias, Ecología

lunes, enero 07, 2008

Si tienes algo que contar… Ensaya’08

La asociación Nexociencia organiza Ensaya’08, IV certamen «Teresa Pinillos» de ensayos de divulgación científica y humanística. El certamen, cuyo plazo de presentación de trabajos concluye el próximo 31 de mayo, está abierto a todos los campos del conocimiento, desde las ciencias experimentales hasta las sociales y humanas, y admite ensayos con una extensión de entre 1500 y 2500 palabras.

El certamen «Teresa Pinillos» nació en el 2004 con el propósito de incentivar el uso del castellano como vehículo de comunicación científica, tecnológica y humanística, habilitar un espacio que facilite a los científicos la difusión de sus investigaciones en un lenguaje accesible al público no experto y ayudar a estrechar relaciones entre España y los países iberoamericanos en este ámbito. Desde entonces, se han realizado tres ediciones, que recibieron una buena acogida entre científicos y profesionales de la divulgación, y se han editado dos libros en los que se recogen los mejores trabajos presentados.

En esta nueva edición, Ensaya’08, se han introducido varias mejoras –nueva página Web, mayor presupuesto y dotación económica de los premios (el primer premio es de 2000 euros y el segundo de 1000)- y se cuenta con el apoyo de la Universidad de La Rioja, la Casa de las Ciencias de Logroño, la Escuela Superior de Diseño, la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de La Rioja y la Real Sociedad Española de Química.

El certamen está abierto a todos los campos del conocimiento, desde las ciencias experimentales hasta las sociales y humanas. Los trabajos, que tendrán una extensión de entre 1500 y 2500 palabras y deberán ser enviados por correo electrónico a nexociencia@nexociencia.org antes del próximo 31 de mayo, pueden versar sobre diversos temas científicos, desde aquellos de orientación divulgativa hasta otros centrados en el análisis crítico de la situación actual de la ciencia y serán evaluados por un jurado formado por profesionales reconocidos de la comunicación científica y el mundo académico de acuerdo a su capacidad divulgativa, calidad literaria e interés social.

El objetivo de Nexociencia, asociación sin ánimo de lucro con sede en La Rioja y cuyo fin es la búsqueda de vías que faciliten la comprensión pública de la ciencia, es consolidar el certamen «Teresa Pinillos» como una de las referencias de la divulgación científica en español. Para ello, necesitamos dar la mayor difusión posible a su convocatoria, de la que se pueden encontrar sus bases completas en la página Web del certamen. A este respecto, agradecemos toda la ayuda que nuestros lectores puedan prestarnos en este cometido.

¡Ánimo! Ya sabéis, si tenéis algo que contar… Ensaya’08.

Nexociencia

Categoría: Certamen, Divulgación, Nexociencia

viernes, diciembre 28, 2007

Mendeléiev: Un breve homenaje en el centenario de su muerte (III)

“No busquéis la inteligencia ni la apariencia exterior. Elegid por compañeros el corazón y el trabajo”

Dimitri Ivánovich Mendeléiev

Fotografía de la boda de Ana Popova y Dimitri Ivánovich Mendeléiev celebrada en San Petersburgo el 22 de abril de 1882. Mendeléiev tuvo tiempo de hacer actividades muy diversas y su vida está llena de aventuras. Montó en globo para estudiar un eclipse total de Sol el 19 de agosto de 1887 e hizo un viaje a EE UU en 1877, del que escribiría “En América se preocupan por extraer la mayor cantidad posible de petróleo, sin tener en cuenta el pasado ni el porvenir ni la manera mejor, más razonable de proceder. Actúan según el interés del momento y sobre la base de las conclusiones inmediatas” –y de esto hace más de 100 años. Pero sin duda, su mayor aventura fue la de enamorarse de Ana Popova, de 17 años de edad, cuando él, casado y con dos hijos, tenía 42 años. Así describía Mendeléiev a su joven amor: “Ana era una joven alta y esbelta, de andar gracioso, con gruesas trenzas doradas, que llevaba modestamente anudadas sobre la nuca con lazos negros, que sentaban muy bien a su hermosa cabeza. Pero lo que tenía más bonito eran sus grandes ojos claros, con su expresión seria de persona mayor en un rostro de óvalo infantil, con mejillas rosadas y cejas bien pobladas. Su voz era dulce y muy agradable”.


Mientras que Ana veía así al profesor de Química: “Andaba rápidamente, inclinando hacia delante, como si surcase las olas, los cabellos flotando. A pesar de su aire impresionante y majestuoso, todo el mundo le sonreía. […] Se distinguía de los demás como un águila que se hubiera introducido en un gallinero o un ciervo salvaje en un rebaño de animales domésticos”. Pero este amor era imposible en la rusa imperial de finales del siglo XIX. Durante cuatro años Mendeléiev sufrió y enloqueció de amor. Su mujer siempre se negó a concederle el divorcio. Ana, atormentada, decidió poner tierra de por medio y se marchó a Roma. Mendeléiev estaba destrozado. Cayó enfermo. Próximamente tenía un congreso en Argel, al que iría en barco, y decidió suicidarse durante la travesía. “Por el camino quería tirarme al mar desde la cubierta del barco”. Afortunadamente, le confió su dramático plan a su amigo Beketov, junto con su testamento y algunas cartas para su joven amor. Éste, preocupado por la suerte de su amigo, corrió a suplicarle a la mujer de Mendeléiev que le concediera el divorcio. Ella, ante la dramática situación y tras una buena compensación económica, accedió finalmente. Mendeléiev, al enterarse, cambió de rumbo y fue al encuentro de Ana a Roma, donde se prometieron en matrimonio. Ambos se casaron poco más tarde, el 22 de abril de 1882, en San Petersburgo. El zar Alejandro III dijo cuando acusaron a Dimitri Ivánovich de bígamo según la ley de la iglesia ortodoxa que no reconocía el divorcio: “Mendeléiev puede tener dos esposas, pero yo únicamente tengo un Mendeléiev”. El amor entre nuestros dos protagonistas duró hasta el final de sus vidas.

En inverno de 1906, Mendeléiev enfermó de una gripe que le afectó los pulmones. En enero de 1907, la enfermedad empeoró al salir de casa para ir a la Oficina de Pesas y Medidas, para atender personalmente al Ministro de Comercio e Industria que iba de visita oficial. El 2 de febrero de ese mismo año y mientras escuchaba un pasaje de Viaje al Polo Norte de Julio Verne, su autor favorito, moría en su casa de San Petersburgo a los casi 73 años de edad. Pocos días después, le enterraban en el cementerio Volkovo, al lado de las tumbas de su madre Maria Dimitrievna y su hijo Vladímir. El frío era tan intenso que los trabajadores sólo pudieron escribir su nombre en la lápida. En su funeral, los antiguos estudiantes de la Universidad de San Petersburgo enarbolaban una gran Tabla Periódica, como símbolo de su inmortalidad, en la que Dimitri Ivánovich Mendeléiev vive para siempre. En su lápida, aún hoy, sólo aparece escrito su nombre. Alguien comentó: “sobre una tumba como ésta no se podía poner otra cosa”.

Para saber más:

En la web:

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Dimitri_Mendeleyev

[2] http://web.educastur.princast.es/proyectos/fisquiweb/Mendeleiev/BioMendeleiev.htm

Libro recomendado:

Pascual Román Polo, El profeta del orden químico. Mendeléiev. Editorial Nivola, Tres Cantos, 2002.



Javier García Martínez

Categoría: Historia

viernes, diciembre 14, 2007

10 razones para que investigadores españoles en el extranjero no vuelvan

[Texto escrito por Javier Sáez Castresana y publicado en Forum Libertas con fecha 16 de noviembre de 2007]

Quince años de políticas variopintas para captar "cerebros", y España sigue sin garantizar a éstos una continuidad en su país.


El ministro de Sanidad y Consumo, Bernat Soria, en una visita realizada a Suecia hace un mes se reunió con más de 30 investigadores españoles en el Instituto Karolinska de Estocolmo, un prestigioso centro de investigación biomédica que además ejerce como una de las universidades médicas más grandes y célebres de Europa.

El ministro esbozó el proyecto de retorno de investigadores españoles que está diseñando el Ministerio de Sanidad y Consumo.

Hay varias razones por las que aconsejo a estos científicos que no regresen precipitadamente a España si la única causa para tal regreso fuera la propuesta del ministro. No obstante, conviene antes hacer un poco de historia.

En el año 1992 se lanzaron por vez primera los “contratos de reincorporación de investigadores postdoctorales a España”. También se hizo una llamada a los mal denominados “cerebros” para que regresaran a la patria a hacer investigación.

Muchos regresaron convencidos de que el país se abría a la contratación de investigadores. No fue así. Los contratos duraban tres años como máximo, y sólo si el director de investigación al que se adscribían tenía un proyecto de investigación concedido.

Cuando dejaba de tenerlo, el “cerebro” pasaba al paro. Y si el director disponía de otro proyecto varios meses después, el “cerebro” era recontratado. Esta situación acabó con la paciencia de muchos, que abandonaron definitivamente la investigación, ya que tras sumar los tres años de contratación total pasaban directamente al paro al no haber sido diseñado un plan de plazas de investigadores en las universidades o en el CSIC.

Otros “cerebros” que regresaron a España, fueron contratados en alguno de los hospitales del Sistema Nacional de Salud. Para ello, el hospital pagaba una parte y el Fondo de Investigación Sanitaria el resto.

Así durante 6 años, con un salario bastante bajo, escasamente superior a los 1000 euros al mes. Hace un par de años estos investigadores, han finalizado sus contratos: algunos han sido recontratados a bajo sueldo por el propio hospital y otros han pasado al paro. Varios abandonarán la investigación si encuentran un trabajo mejor.

Hace pocos años se diseñó el plan de contrataciones Ramón y Cajal, como una mejora de los contratos de reincoporación de 1992. Ahora duran cinco años y no dependen de que el director de investigación al que el “cerebro” se adscribe tenga o no un proyecto de investigación concedido en un determinado momento, ya que la financiación se concede directamente al investigador contratado, al “cerebro”.

En breve iremos viendo cuál es el futuro de estos investigadores: ¿serán verdaderamente contratados por las universidades, el CSIC u otros centros de investigación cuando el MEC deje de pagar los contratos Ramon y Cajal? ¿Se han creado plazas específicas para ellos?

¿Existe un modo de valorar su carrera profesional? Nadie responde con claridad a estas preguntas en la administración. Si algunos encuentran empleo será por el buen hacer de su propia universidad o de otra, pero las garantías de que todos aquellos que han trabajado correctamente encuentren empleo son mínimas.

España no ha profundizado a nivel político sobre la importancia de la investigación científica en términos de contratación de personal. Los políticos hablan mucho de investigación, tal vez demasiado, pero no concretan cómo hay que financiar los recursos humanos, verdaderos agentes activos de la investigación.




Tras 15 años de políticas variopintas para la captación de “cerebros de investigación” España sigue sin garantizar el futuro de éstos una vez en su tierra.

Paso a dar diez razones (hay muchas más) para aconsejar a las nuevas promociones de científicos postdoctorales españoles que sigan en sus puestos mientras puedan y sólo regresen si no hay más remedio y amarrando todos los cabos posibles, porque, de otra manera, con la simple confianza en el gobierno de turno, no prosperarán ni laboral ni científicamente.

1. España no ha diseñado una carrera científica. Los “cerebros” que retornen han de saber que las universidades les contratarán como docentes, despreocuparándose, en general, por sus quehaceres investigadores, exigiéndoles únicamente el cumplimiento de la docencia. Sólo el CSIC ha diseñado una carrera científica. Los investigadores que llegan del extranjero son, por ello, difícilmente contratables en la universidad, o en hospitales si realizan investigación biomédica. Además la promoción posterior es inexistente.

2. Oposiciones frustradas a plazas en la Universidad . Quienes sólo se hayan dedicado a investigar, y no a enseñar formalmente, no podrán opositar a puestos de profesor titular o catedrático, por mucho curriculum vitae que lleven a sus espaldas, ya que la función docente documentable, por escasa o inexistente, les impedirá ser incluso baremados como candidatos a tales puestos por parte de la actual ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación).

En otras palabras, España trata a este colectivo como “investigadores no docentes”, aunque se pasen la vida enseñando cómo investigar y dando conferencias con sus novedosos resultados.

En nuestro país un premio Nobel no llegaría a catedrático si sólo hace investigación y no da clases de alguna asignatura de licenciatura. Y esta norma se ha seguido al pie de la letra durante décadas, por no decir siglos, a fin de introducir en el sistema a mediocres “docentes no investigadores”, impidiendo la entrada de investigadores de calidad que podrían en poco tiempo adaptarse a la docencia y contribuir con su investigación a incrementar el nivel de producción científica de nuestras universidades.

3. Exceso de carga docente. La carga docente en la universidad es habitualmente pesada y tediosa, y los “cerebros” que se encuentran en el extranjero, en general, desean investigar. Al regresar a España, si se les explota excesivamente con la docencia, suelen rebelarse y los problemas comienzan. Por otra parte, si no se les da ninguna carga docente se encuentran en la situación descrita en el punto anterior, lo cual a la larga podría ser peor, cuestionándose incluso desde la propia universidad si tal o cual “investigador no docente” debe continuar en el puesto que ocupa.

4. Dificultad para formar un grupo investigador. Aún cuando encuentren un puesto como investigadores en algún instituto de nueva creación o en algún centro del CSIC, que no en la universidad, los “cerebros” tendrán muy difícil formar su propio grupo de investigación al estilo del que ellos conocen en otros países, ya que, en general no recibirán personal adscrito bien formado, sino, a lo sumo algún becario para hacer la tesis doctoral bajo su dirección y después abandonar el grupo. Esta realidad no mejora con el tiempo, sino que se cronifica y año tras año logra minar la ilusión científica de gran número de investigadores de nuestro país.

5. Escasa o nula financiación básica. España no otorga, ni siquiera a sus mejores investigadores, una mínima cantidad de dinero anual para poder investigar. Es cada jefe de grupo quien debe solicitarlo al Ministerio, explicando en largos y tediosos documentos lo que quiere hacer, lo que ha hecho en el pasado, su historial de publicaciones científicas, etc.

En estos menesteres gasta el “cerebro” la mayor parte de su energía, sin ayuda de personal de secretaría de ningún tipo, lo cual le hará sentir que pasa demasiado tiempo pegado al ordenador y no pensando precisamente en experimentos científicos sino en cómo conseguir el dinero que necesita para realizar su propio trabajo.

¿Saben Vds. de algún otro trabajo en que se trabaje para conseguir el dinero con el que hay que comenzar a trabajar? ¿Y si a pesar de todo no se consigue? Así es la vida del investigador universitario. Cualquier ingeniero que hace investigación, sin embargo, por estar asociado a empresas patrocinadoras, puede plantearse objetivos más concretos, ya que existe una mínima financiación estable, consiga él dinero o no.

6. Exceso de burocracia en los procesos de investigación. La propia institución de investigación, sea el CSIC o las universidades, por un exceso de burocratización y sin mala fe en muchos casos, o con mala fe en otros, puede llegar a impedir al investigador que realice parte de esas peticiones económicas a las agencias de financiación, así como la entrada de becarios o el establecimiento de colaboraciones científicas con otras instituciones. Sin entenderlo, por tanto, no es raro que el investigador sienta que la propia institución donde trabaja no le facilita, sino lo contrario, su labor de búsqueda de financiación y personal adscrito bajo su dirección.

7. No se contratan investigadores fuera de los puestos de funcionarios: profesores titulares o catedráticos. Normalmente en España se dirige un grupo de investigación o se hace la tesis en él, para luego abandonarlo. No hay forma de contratar a un postdoctoral con experiencia que no quiera dirigir un grupo. Las “capas intermedias” no existen. No hay dinero para contratar a personal cualificado de forma permanente.

Esto supone un gran riesgo para los laboratorios: los directores no disponen de gente cualificada y ven con tristeza cómo ellos mismos van quedando desfasados de lo que un día hicieron. La calidad de la investigación de sus grupos puede ir disminuyendo progresivamente.

8. La productividad científica no se ve recompensada en España. Sólo se evalúa desde el Ministerio el crecimiento curricular de los profesores funcionarios (profesores titulares y catedráticos). El resto de profesores españoles son injustamente olvidados, produzcan lo que produzcan, incluso si producen más o mejores resultados que algunos de los profesores titulares y catedráticos. Simplemente no se les pagará nada extra por ello. Y si producen poco, tampoco se les penalizará.

9. Falta de personal técnico o de apoyo. Lo normal es que el investigador haga todo lo que tiene que hacer él solo: pedir fondos, rellenar folios y folios cada año con solicitudes, justificaciones, inventarios, facturas; buscar bibliografía publicada, escribir artículos dominando los programas informáticos existentes para ello; hacer fotografías o dibujos explicativos para incorporar a las publicaciones (hay que ser casi un experto del Photoshop o programas similares); dirigir a los becarios predoctorales de su grupo de investigación; atender las cuestiones que vengan de su Facultad o centro de investigación…

En fin, poco tiempo le queda para investigar (pensar, discutir con otros, releer temas de contraste) con serenidad. El investigador español pierde mucho tiempo por no disponer de ayuda suficiente a nivel de secretaría fundamentalmente.

10. Un conjunto de diferentes razones como las líneas de investigación prioritarias cambiantes cada poco número de años; la baja consideracion social, laboral y económica del investigador; la injusticia curricular que normalmente ha desfavorecido a quienes eran originales, inteligentes y sabían hacer sin dar demasiada lata; las célebres y nuevas inhabilitaciones a priori, según las cuales no se permite solicitar dos proyectos a la vez como investigador principal, perdiéndose los dos sistemáticamente al solicitarlos incluso por error; y muchas otras razones me obligan a recordar a estos jóvenes investigadores que el científico en España difícilmente puede llegar a realizar una investigación seria, competetitiva y con utilidad.

Además se cronifica como un ser en minoría de edad, bajo salario, becario permanente, sin fijeza en el trabajo, a la caza constante de dinero para investigar, finalizando todo ello casi siempre en la génesis de un ser desanimado, con pérdida de autoestima, por no decir solitario, taciturno, cansado de la vida (de la profesional al menos).

Pero muchos siguen adelante: el científico no sólo investiga por vocación, o por gusto, o por obligación desde instancias superiores (aunque nadie le obliga, ciertamente), sino también y sobre todo si lleva años investigando, por voluntad cajaliana con el convencimiento de que, a pesar de los obstáculos que el sistema español de ciencia y tecnología le pueda poner, unidos a los creados por su propio lugar de trabajo, él tiene una misión en esta vida y, humildemente, tiene que llevarla a cabo.



Javier Sáez Castresana dirige la Unidad de Biología de Tumores Cerebrales en la Universidad de Navarra. Ha trabajado anteriormente en el Instituto Karolinska (1988-1990), la Universidad de Harvard (1990-1992), y el CSIC (1992-1997).

Categoría: Ciencia, Política